Seguimos viajando sin rumbo varios días hasta que el agotamiento pudo con nosotros. Nos instalamos en un hotel, pero no pensábamos quedarnos allí mucho tiempo por si acaso. Cualquier precaución es poca, así que solo salíamos de la habitación para ir al comedor, que por cierto, era muy pequeño.Solo tubimos relación con un matrimonio de ancianos, diría que tenían entre setenta y ochenta años. No los conocimos porque quisiéramos, sino porque una vez chocaron con mi madre y la tiraron el bolso al suelo. A partir de ahí los ancianos nos empezaron a saludar cada vez que nos veían, incluso en ocasiones venían a nuestra habitación para tener alguien con quien hablar, ya que su único hijo fue víctima de un atentado terrorista y nosotros éramos sus únicos amigos vivos. Poco sabíamos de su larga vida, y no es porque no se lo preguntásemos. Parecía que hubieran cometido un grave error que intentaran olvidar, pero cada vez que les preguntábamos nos respondían con excusas para irse a su cuarto. El viejo Tom (así se llamaba el anciano) estaba enfermo, y aunque no recuerdo el nombre de la enfermedad, sí sus síntomas: sufría fuertes dolores de cabeza y se mareaba constantemente, a veces hasta se desmayaba unos minutos. La primera y última vez que le vi desmayarse fue una vez que estábamos hablando en el pasillo para ir a comer juntos y de repente me agarró el brazo de la forma más fuerte y brusca que cualquiera que me hubiese agarrado hasta entoces, y, segundos después, cayó. Yo estaba preocupado, era demasiado joven y no sabía que tenía que hacer. Así que empecé a gritar para que alguien me oyese y me ayudara, pero paré cuando ví que una pequeña parte de su brazo era más blanca que su piel normal. Le levanté la manga, la cicatriz era gigante. Le recorría desde el principio de la muñeca hasta más o menos el codo. Entoces reparé en que, si alguien se quiere suicidar, se debe hacer un corte de esa forma. Todo el mundo cree que se han de cortar las venas de la muñeca de izquierda a derecha (o al revés), pero Tom sabía que ese método no era cien por cien efectivo. De nuevo, mi curiosidad despertó y me hizo ponerme a investigar el por qué de esa cicatriz, ¿qué habría hecho el bueno de Tom para querer dejar esta vida?
Esa noche murió Tom, así que tube que comportarme antes de empezar a investigar. Estube un rato con la viuda, Teresa, pero en ningún momento dijimos nada, había un silencio demasiado inquietante. Me acostumbré tanto al silencio que cuado Teresa habló por primera vez no pude reprimir un pequeño chillido acompañado de un salto. Cuando porfin Teresa dejó de reír, me repitió lo que me había dicho antes:- No le echaré de menos.- ¿Qué quieres decir?- No era buena persona... - la cara de Teresa parecía tomar un gesto de sufrimiento, pero estaba seguro de que no era por la muerte de su marido. Por eso no pude evitar seguir preguntándo.- ¿Por eso nunca quereis... quiero decir, nunca quisisteis hablar sobre el pasado? Teresa no respondió, pero dí en el clavo. Intenté buscar preguntas , pero de forma de no herirla o para asegurar que me contestará, para saber todo lo que quería. No se me ocurrió nada, así que fui al grano, sin rodeos:- ¿Por qué se intentó suicidar?No pareció reaccionar bien, maldecía por lo bajo por haber confiado en mí, pero por alguna razón, decidió seguir haciéndolo:- No se intentó suicidar. Yo le intenté matar.
sábado, 29 de mayo de 2010
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Cada vez va a mejor, en serio. Aunque tienes que tener cuidado con las faltas de ortografía (estuve, tuve... las pones con "b") y como consejo, agradecería que los diálogos fuesen en líneas aparte puesto que así es más cómodo de leer que en un párrafo seguido.
ResponderEliminarPor cierto, me hice seguidora pero aparezco como Laura y no como Yersey Owen, que es como aparece cuando comento y cuando publico en mi blog.
Espero pronto el siguiente. saludos!!